¿Por qué no adelgazo aunque coma poco?
La respuesta no está en comer menos.

"Si ya desayuno un café, como una ensalada y ceno un yogur... ¿por qué sigo sin adelgazar?"
Si tuviera un euro por cada vez que escucho esa frase en consulta, probablemente mi fortuna estaría por encima de la de Amancio Ortega.
Y no.
No suele ser porque la persona mienta.
Tampoco porque tenga "mala genética".
Ni porque su cuerpo haya decidido fastidiarle la vida.
Después de 24 años ayudando a personas a perder peso, he aprendido que el problema suele ser otro.
Muchas personas llevan tanto tiempo haciendo dietas que su cuerpo ya no sabe lo que es comer con normalidad.
Han pasado años eliminando alimentos, evitando comidas, viviendo con miedo como tengo yo a los políticos, pero al pan, a la pasta, al arroz, a la fruta, a las patatas... y pensando que la única solución es seguir comiendo menos.
Y aquí viene la sorpresa. Escúchame:
En muchos casos, el camino para volver a perder grasa no empieza comiendo menos.
Empieza dejando de hacer las cosas que llevan años impidiendo que su cuerpo funcione con normalidad.
No, no te estoy diciendo que para adelgazar haya que comer sin control. No me seas extremista, que te veo.
Te estoy diciendo que tu cuerpo necesita sentirse suficientemente alimentado para funcionar bien.
Vamos a entenderlo de una forma muy sencilla. Os pongo un ejemplo de los míos que tanto os gusta:
Imagina una hoguera
Imagina que quieres mantener una hoguera encendida toda la noche.
¿Qué harías?
¿Dejarías de echar madera?
Claro que no.
Sabes perfectamente que el fuego necesita combustible y no hay que ser ingeniero para saberlo.
Pues con nuestro organismo ocurre algo parecido.
No es exactamente igual, pero sirve para entenderlo.
Cuando durante meses o incluso años hacemos dietas muy restrictivas, nuestro cuerpo interpreta que la comida escasea y entra en lo que yo llamo fase de supervivencia.
Y cuando el cuerpo cree que hay escasez hace exactamente lo que haríamos cualquiera si nos dijeran que mañana nos cortan el suministro de agua.
Empieza a ahorrar.
No porque quiera fastidiarte.
Sino porque quiere protegerte.
Tu cuerpo no es tonto. Es muy listo. Aunque pienses que a veces va en tu contra.
Hace miles de años no existían supermercados.
No había neveras.
No podías pedir comida con una aplicación.
Había épocas de abundancia.
Y épocas de hambre.
Las personas cuyo organismo aprendió a ahorrar energía sobrevivieron mejor.
Gracias a eso hoy estamos aquí.
El problema es que ese mecanismo sigue funcionando.
Cuando pasas meses haciendo dietas extremas pueden ocurrir varias cosas.
Empiezas a tener más hambre.
Piensas más en comida.
Te notas con menos energía.
Sin darte cuenta te mueves menos.
Te cuesta entrenar igual.
Descansas peor.
Y todo eso hace que mantener la dieta sea cada vez más difícil.
No porque seas débil.
Porque eres humano.
Vamos que peso no se si perderás, pero las ganas de vivir si.
Lo que veo después de 24 años de consulta
Hay una escena que se repite una y otra vez.
Llega una persona y me dice:
"Javier, es que yo casi no como, como poco y sano."
Y cuando empezamos a hablar, descubro que lleva diez años haciendo dietas.
Ha quitado el pan.
Ha quitado la pasta.
Ha quitado el arroz.
Ha quitado la fruta porque tiene azúcar.
Ha quitado el plátano.
Ha quitado las legumbres porque tienen hidratos.
Ha quitado las patatas.
Ha quitado el aceite porque tiene grasa.
Ha quitado el desayuno. Porque su colega del gym le dijo que el ayuno intermitente es magia.
Ha quitado la cena.
Ha quitado media vida.
Y aun así no consigue el resultado que busca.
Lo curioso es que no necesita quitar más cosas.
Necesita aprender a comer otra vez.
Porque vivir permanentemente a dieta no es una estrategia.
Es una condena, es un castigo.
El problema no suele ser el pan
Pobre pan. Con lo bueno que está.
Lleva décadas siendo el malo de la película.
Luego le tocó a la pasta.
Después al arroz.
Ahora a la fruta.
Parece que cada pocos años elegimos un alimento nuevo para echarle la culpa de todos nuestros problemas.
Pero un alimento por sí solo no hace engordar.
Igual que un alimento por sí solo no hace adelgazar.
Lo importante es cómo encaja dentro del conjunto de tu alimentación y de tus hábitos.
De hecho, muchas personas mejoran cuando dejan de tener miedo a alimentos normales y vuelven a incluirlos en cantidades adecuadas.
Porque comer con tranquilidad también forma parte de una alimentación saludable. Comer un cacho de pan sin tener la sensación que has cometido un delito, para mi es avance. No solo valoro en consulta cuántos kg pierde una persona, me gusta valorar que haya una muy buena relación con la comida y nos alejemos de cualquier trastorno con la alimentación.
Comer poco no siempre significa alimentarse bien
Hay personas que comen muy poco... pero muy mal.
Y otras al contrario que comen bastante... pero muy bien.
No es solo una cuestión de cantidad.
También importa la calidad, la variedad, la regularidad y la capacidad de mantener esos hábitos durante meses y años.
Porque adelgazar durante dos semanas es relativamente sencillo.
Lo difícil es seguir haciéndolo seis meses después, un año después y lo conseguido sostenerlo en el tiempo.
El círculo vicioso de las dietas
Todo empieza igual.
Llega el lunes.
Eliminas todo.
Nada de pan.
Nada de arroz.
Nada de pasta.
Nada de chocolate.
Nada de cerveza.
Nada de postres.
Nada de disfrutar.
Los primeros días aguantas.
La motivación está por las nubes.
Pero poco a poco aparece el cansancio.
Empiezas a pensar constantemente en comida.
Un día comes algo "prohibido".
Y piensas:
"Ya la he liado." Te sientes como un delincuente.
Entonces aparece el famoso:
"Ya que..."
Ya que me he comido una galleta...
...me como el paquete.
Ya empiezo el lunes.
Y vuelta a empezar.
No falla.
Llevo viéndolo más de dos décadas.
Y nunca he visto que funcione a largo plazo. Te puedes engañar como quieras, pero te aseguro que no funciona.
Tu metabolismo no es un interruptor
Muchas personas hablan del metabolismo como si fuera un botón.
Encendido.
Apagado.
No funciona así. Que va.
Es un sistema muy complejo que se adapta constantemente a lo que hacemos.
Si entrenas más, cambia.
Si duermes peor, cambia.
Si ganas músculo, cambia.
Si pierdes peso, cambia.
Si llevas mucho tiempo restringiendo la comida, también puede adaptarse para gastar algo menos de energía.
Por eso la solución no suele ser seguir apretando más el tornillo.
Muchas veces consiste en reconstruir unos hábitos que puedas mantener toda la vida.
Adelgazar no debería sentirse como un castigo
Si cada día sientes hambre.
Si estás de mal humor.
Si piensas continuamente en comida.
Si cuentas las horas para el día libre.
Si sueñas con pizza.
Probablemente no has encontrado una forma de comer que puedas mantener.
Y si no puedes mantenerla...
No será la solución.
Come lo suficiente para vivir mejor
Hay personas que llegan pensando que les voy a quitar todavía más alimentos.
Y se sorprenden cuando les digo justo lo contrario.
Que vuelvan a desayunar.
Que vuelvan a comer legumbres.
Que no tengan miedo al arroz.
Que disfruten de unas patatas cocidas.
Que la fruta no es el enemigo.
Que el pan puede formar parte de una alimentación saludable.
Que un cumpleaños no arruina un proceso. Ni las vacaciones.
Y, sobre todo, que dejen de vivir con miedo a la comida.
Porque una buena alimentación no consiste en sobrevivir.
Consiste en vivir.
La mejor dieta es la que no parece una dieta, por eso me gusta llamar plan nutricional a las pautas que os doy.
Si dentro de un año puedes seguir comiendo igual...
Vas por buen camino.
Si dentro de un mes estás deseando abandonarla...
No era la dieta adecuada, así de fácil.
Después de 24 años de consulta hay algo que tengo clarísimo.
Las personas que mejores resultados consiguen no son las que más sufren, para nada.
Son las que aprenden a comer de una forma que pueden mantener el resto de su vida.
Y eso cambia absolutamente todo.
En resumen
Si sientes que comes poco y no adelgazas, no saques la conclusión de que tienes que seguir recortando alimentos.
Pregúntate primero:
- ¿Llevo años haciendo dietas?
- ¿He eliminado alimentos por miedo?
- ¿Mi alimentación es sostenible?
- ¿Tengo energía para entrenar y moverme?
- ¿Disfruto comiendo o vivo con ansiedad?
A veces el problema no es que comas demasiado.
Es que llevas demasiado tiempo intentando sobrevivir con menos de lo que tu cuerpo necesita para funcionar con normalidad.
Y cuando dejas de luchar contra tu organismo y empiezas a trabajar con él, las cosas suelen cambiar.
Porque perder grasa no consiste en ganar una batalla contra la comida.
Consiste en aprender a convivir con ella.
¿Te ocurre esto?
Si llevas años enlazando dieta tras dieta, eliminando alimentos y sintiendo que cada vez te cuesta más conseguir resultados, quizá no necesites más fuerza de voluntad. Quizá necesites un plan adaptado a ti, que puedas mantener sin pasar hambre y sin vivir con miedo a determinados alimentos.
En Prepárate Nutrición llevo 24 años ayudando a personas a mejorar su salud, perder grasa, ganar masa muscular y recuperar una relación tranquila con la comida. El objetivo no es que hagas una dieta perfecta durante dos semanas, sino que construyas hábitos que te acompañen durante muchos años.







